En las laderas soleadas donde la cordillera desciende vertiginosamente hacia el Gran Cañón del Chicamocha, la ciudad de Soatá es el único rincón de Colombia donde prospera el cultivo y procesamiento artesanal del dátil. Este fruto milenario, adaptado al microclima seco y cálido del cañón, dio origen a una afamada tradición de repostería almibarada que distingue a la Provincia de Norte en todo el país.
Las palmeras datileras de Soatá, traídas en el periodo colonial, producen racimos densos de frutos ámbar y acaramelados. Las maestras dulceras soatenses los transforman mediante cocciones lentas en pailas de cobre con melado de azúcar, canela y hojas de naranjo agrio. Se elaboran dátiles cristalizados, jaleas untables, dulces de dátil rellenos de queso campesino y las célebres conservas en frascos decorados.
En las dulcerías tradicionales del marco de la Plaza Bolívar de Soatá, los paradores del cañón en la vía a Susacón y las ferias artesanales de la comarca.
Deja una respuesta