El kitesurf en el Cabo de la Vela es una experiencia única que combina deporte extremo, naturaleza virgen y cultura ancestral en el punto más septentrional de Sudamérica. El Cabo de la Vela se encuentra en el desierto de La Guajira, en territorio de la comunidad nativa Wayuu, la comunidad indígena más grande de Colombia, donde mantener las costumbres, el estilo de vida y preservar sus tierras es su prioridad.
Al llegar al Cabo de la Vela, el turista se encuentra con un spot con condiciones perfectas para el kitesurf. El lugar tiene 300 días de viento al año con velocidades que diariamente superan los 30-35 nudos, promediando 25 nudos constantes durante aproximadamente 330 días anuales. El viento Alisio que bordea el continente comienza en esta punta, haciendo que pocas veces se pueda equivocarse al elegir este spot.
El agua plana producto de la poca profundidad del mar es una de las características más valiosas del lugar. Las playas son extensas y poco frecuentadas, ofreciendo espacio amplísimo para que los kiteboarders naveguen, practiquen y disfruten de la emoción del deporte. No hay olas, lo que hace que el Cabo de la Vela sea el lugar más fácil de Sudamérica para aprender kitesurf, muy adecuado para principiantes y ideal tanto para quienes están dando sus primeros pasos como para freestylers experimentados.
El curso de kitesurf comienza con una parte teórica de aproximadamente una hora donde el instructor enseña cómo se ensambla la cometa, cómo se mueve, cuáles son las partes y los protocolos de seguridad. Después se va a la playa, donde se sientan en la arena y el instructor enseña cómo se maneja la cometa desde la tierra.
Cuando el turista ya sabe más o menos cómo manejar la cometa, va con su instructor de la mano y empieza a caminar por la playa para sentir la cometa, para sentir la fuerza que ejerce y también para sentir cómo la cometa lo jala del arnés. El arnés es en el que se ajustan los mandos con los que se pilotea la cometa. Después se infla la cometa, que tiene una parte que va inflada, y se ajustan todas las líneas de los mandos a la cometa.
Antes de empezar a volar la cometa o ir al agua, se visualiza cómo se quiere hacer las cosas, aplicando el poder de la visualización. Cuando el instructor ve que el turista ya tiene el dominio de la cometa, llega el momento de la verdad: entrar al agua y mencoba en la tabla con los pies ajustados, intentando navegar y saltar.
Una vez en el agua, el turista experimenta la sensación única de deslizarse sobre el agua cristalina del mar Caribe mientras la cometa lo impulsa con el viento constante. El agua plana y poco profunda permite mantenerse erguido con facilidad, sin la preocupación de las olas que podrían derribar. Es fácil mantenerse en pie, muy adecuado para principiantes, y la sensación de libertad es inigualable.
El turista glidea a lo largo de la costa, disfrutando del panorama de fondo de paisajes costeros breathtaking con el desierto de La Guajira a un lado y el mar Caribe al otro. Las extensas playas no congestionadas elevan la experiencia increíble del viaje de downwind, permitiendo navegar sin preocuparse por otros kitesurfers.
El kitesurf en el Cabo de la Vela ofrece una experiencia cultural única con la comunidad indígena Wayuu. El turismo es reconocido, muy bien atendido y agradecido por la comunidad local. Los trabajadores del kitesurf en el Cabo tienen un legado familiar, donde los más pequeños están a la disposición de cualquier persona para poder ser rescatados si es necesario, creando un ambiente agreste pero amistoso y seguro.
Todos los servicios de alimentación y hospedaje están manejados por nativos, dueños de las tierras, lo que permite al turista vivir una experiencia auténtica y enriquecedora donde combina ese clima semi-desértico, ventoso en 300 días al año y el ambiente nativo con su amistosa cercanía. Es un destino obligado para cualquier persona que quiera practicar kitesurf en un entorno real que combina deporte y cultura ancestral.
El viaje hacia el Cabo de la Vela es parte de la experiencia. Se llega comprando un tiquete preferiblemente por la TAM desde Medellín a Riohacha (con escala en Bogotá), luego de Río Hacha a Uribia por tierra, y finalmente de Uribia al Cabo también por tierra. Es un viaje largo, saliendo de Medellín alrededor de las 8 de la mañana y llegando prácticamente a las 8 de la noche, pero vale mucho la pena.
Al llegar, el turista se encuentra con un lugar totalmente alejado de la civilización, con muy poca oferta de servicios, donde el turista elige mayoritariamente ir acompañado de locales que montaron sus escuelas o tours para vivir una experiencia muy difícil de comparar. Se recomienda ir sin expectativas y sorprenderse de los pocos lugares vírgenes con su naturaleza como escenario predominante.
El complemento más al oeste y muy visitado por los aficionados es Punta Gallinas, parte de la experiencia en La Guajira. Es el tour/trip más vendido para toda persona que esté haciendo este Kite-trip por la costa colombiana. A 130 kilómetros y unas 4 a 6 horas en tiempo de ruta de ripio se llega a un lugar que supera cualquier experiencia previa. Justo en la punta se encuentra el faro más al norte de Sudamérica con 18 metros de alto.
El Kite-trip por éste lugar es un viaje obligado recorriendo por tierra y por agua, practicando kitesurf en Cabo de la Vela y explorando los paisajes más vírgenes del Caribe colombiano. Es una experiencia que combina aventura, naturaleza, cultura y deporte extremo en uno de los destinos más únicos del mundo.
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