El Dulce de Limón de Mompox es considerado el manjar más asombroso de la confitería tradicional colombiana. Convertir el cítrico más ácido y amargo de la huerta en una golosina traslúcida, suave, dulce y aromática requiere una paciencia franciscana y un proceso de elaboración que toma hasta veinte días de dedicación manual en las casonas coloniales de la isla.
Cada limón criollo se raspa minuciosamente con piedra pómez o rallador para abrir los poros de la corteza. Durante más de dos semanas se sumergen en agua fresca de río cambiada tres veces al día para extraer todo rastro de amargor. Posteriormente, se les extrae la pulpa por una incisión microscópica y las cáscaras enteras se calan a fuego lento de leña en pailas de cobre con almíbar espeso de caña hasta que quedan translúcidas como esmeraldas confitadas.
En las casonas reposteras de la Calle del Medio, las dulcerías de la Plaza de Santo Domingo y los zaguanes señoriales de Mompox.
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